Tres puertas, y ninguna más
Quien entra en tu página viene a una de tres cosas. No hay una cuarta que distraiga.
Pedir cita
Servicio, profesional y hora, entre los huecos que de verdad tienes.
Gestionar mis citas
Cambiar la hora o cancelar, sin llamar al salón.
Experiencias regalo
Tu escaparate de regalos, si lo quieres.
Cómo se pone
Donde ya te encuentran
Con tu enlace
Va en tu Instagram, en tu ficha de Google y en un cartel con QR en el mostrador.
Dentro de tu web
Un trozo de código que pegas, y las reservas quedan dentro de tu web, con tu cabecera.
Con señal, si quieres
Cobra una parte por adelantado en los servicios largos. Se descuenta al pagar.
La app de tu salón
Tu logo, en su pantalla de inicio
Lo que tu clientela quiere es un icono que abra tu salón. Eso no necesita una tienda de aplicaciones, ni 99 € al año, ni esperar a que nadie apruebe nada.
- Tu nombre y tu logo en la pantalla de inicio de su móvil.
- Se instala desde el navegador, en dos toques.
- Sin tienda de aplicaciones y sin que tú pagues por publicarla.
- Abre a pantalla completa, con el color de tu salón.
En iPhone hay un paso más: hay que añadirla a la pantalla de inicio desde Safari. Lo decimos porque es la diferencia entre que los avisos lleguen o no — y preferimos contarlo aquí que el primer día.

Avisos
Un aviso la mañana de la cita
Un hueco vacío es dinero que ya no se recupera. El recordatorio le da a tu clienta la ocasión de avisar de que no puede, que es justo lo que salva el hueco.
- Confirmación, cambio y cancelación, con el nombre de tu salón.
- Recordatorio la víspera o el mismo día, a la hora que elijas.
- Y si ella lo activa, le suena en el móvil la mañana de la cita.
- Todo queda registrado: se puede responder a «¿a mí me avisasteis?».
Reservas de verdad
Abrir la puerta sin que entre cualquiera
El miedo de todo salón al abrir reservas es la broma pesada: diez citas falsas un sábado. Estas cuatro cosas la frenan sin molestar a quien reserva de verdad.
Entrar con Google
Un toque y ninguna contraseña. Una cuenta de Google cuesta un teléfono; un correo de usar y tirar, diez segundos.
Teléfono obligatorio
Sin teléfono no hay reserva: es lo que te deja llamar si surge algo.
Correos temporales, fuera
Los dominios de usar y tirar se rechazan al registrarse.
Límites por ficha
Tres pendientes, tres citas futuras, tres por hora. Quien cancela no gasta cupo: está liberando hueco.
Experiencias regalo
Y de paso, vende regalos
Regalos con nombre —«un spa capilar»—, no un importe suelto. Se compran en tu página y llegan por correo; quien los recibe solo tiene que pedir cita.
- El vale lleva su código de barras: se lee en el mostrador.
- Se canjea descontando, no cobrando dos veces.
- El dinero va directo a tu cuenta, sin comisión nuestra.

Lo que más se pregunta
- ¿Mi clientela tiene que crearse una cuenta?
- Tú decides: puedes exigirla —con Google es un toque, y es lo que mejor frena las reservas basura— o dejar reservar con nombre y teléfono.
- ¿Qué pasa si dos personas piden el mismo hueco a la vez?
- Solo entra una. La segunda ve un aviso claro y vuelve a elegir; no acabas con dos citas encima de la misma hora.
- ¿Las reservas entran directas a mi agenda?
- Entran señaladas como pendientes, para que tengas la última palabra. Si las prefieres confirmadas, se configura.
- ¿La app funciona en iPhone?
- Sí. En Android se acepta cuando el navegador lo ofrece; en iPhone se añade desde Safari, con «Compartir → Añadir a pantalla de inicio». Hecho eso, funciona igual, avisos incluidos.
- ¿Y si mi clienta cambia de salón?
- Instala la del nuevo. Cada salón es su propia app con su icono, así que no se pisan.
Tu página de reservas, con tu salón de verdad
Pruébala un mes con tus servicios y tus horarios. Si no te convence, no has perdido nada.
